Una soleada mañana del verano de 1826, un francés, llamado Joseph-Nicéphore Niepce, colocó una pequeña caja de madera en el alfeizar de la ventana de su taller. Había acoplado una lente en un orificio de la parte frontal de la caja, y dentro de la misma había colocado una placa de peltre cubierta de cierto tipo de asfalto. Dejó allí esta cámara rudimentaria durante ocho horas, y luego retiró la placa y la lavó con aceite de lavanda. Donde la luz habia alcanzado la placa, el asfalto se había endurecido; en las zonas sin exponer, el aceite lo disolvió, apareciendo el metal pulido.


El resultado fue la primera imagen fotográfica permanente. Niepce había estado intentando captar esta imagen desde 1816, empleando siempre el mismo ángulo de toma desde la ventana de su casa de campo. Las cartas a su hermano Claude, en que describía precisamente esta vista del patio y sus intentos de fotografiarlo, permiten identificar los elementos de la fotografía. Aunque Niepce fue el primero que fijó una imagen de cámara, su proceso tuvo poca utilidad práctica, debido a sus largas exposiciones requeridas. Sin embargo, en 1829 formó sociedad con Louis Daquerre, y el trabajo realizado por ambos contribuyó al invento de Daguerre del primer proceso fotográfico práctico. Desgraciadamente, Niepce, que falleció en 1833, nunca vio los frutos de su obra pionera.

Desde entonces a ahora no cabe duda que han cambiado mucho las cosas, pero tengo la certeza de que lo que no ha cambiado es la inquietud que motivó a Niepce a intentar captar una imagen, de congelar un momento, de inmortalizar un sueño. El mismo que sentí cuando cogí por primera vez entre mis dedos aquella Kodak Instamatic que mis padres habían comprado a finales de los años 70, esa misma sensación que me envuelve cada vez que cojo mi cámara reflex digital y salgo a "afotar" solo o en compañía.

He tenido otras aficiones las cuales han llegado y han pasado, pero la fotografía siempre ha estado ahí, en viajes, actos familiares y algún que otro acto social. Y espero que siempre me acompañe y siga dándome satisfacciones.